Merkel entra en campaña electoral como garante de la estabilidad económica


Parece una paradoja que la primera promesa electoral de Angela Merkel, en su apertura de campaña de este sábado, fuera pleno empleo para 2025. Buena parte del territorio alemán lleva varias legislaturas disfrutando de una situación de pleno empleo técnico y la economía alemana parece incapaz de cubrir cerca de un millón de puestos de trabajo que permanecen vacantes. Pero la canciller alemana hace esta promesa entrelazada con la de seguir manteniendo el déficit cero, presupuestos sin nuevo endeudamiento, ofreciendo a los votantes lo que más desean según todas las encuestas: prosperidad, estabilidad y recortes de impuestos por unos 15.000 millones de euros al año, así como un aumento del gasto en infraestructuras, defensa y seguridad.

En el mitin celebrado en Dortmund ante miembros de los Trabajadores Cristianodemócratas (CDA), la canciller expuso su programa económico partiendo de la exposición de la «buena situación» en que se encuentra el país después de 12 años bajo su gobierno y de las aguas tranquilas en que ha seguido navegando a pesar de atravesar la misma crisis que ha puesto a otros al borde del abismo. «El objetivo es llegar a 2025 con una tasa de desempleo por debajo del 3% y creo que se puede conseguir», dijo, precisando que todas las promesas electorales que irá desgranando su partido a lo largo de la campaña, serán cumplidas «sin deudas para las próximas generaciones».

Merkel se tomó además en serio la tarea de marcar el terreno frente a sus todavía socios de gobierno en la gran coalición y principales opositores en las elecciones de septiembre, los socialdemócratas del SPD. Esta misma semana, el candidato socialdemócrata Martin Schulz había expuesto un programa económico de cinco puntos del que forman parte nuevas exigencias a los fabricantes de automóviles alemanes, después del escándalo del trucaje en las emisiones de los motores diésel, y una reclamación de cuotas de vehículos eléctricos a escala europea. Merkel, que ya ha estado negociando con el sector automovilístico alemán fabulosas ayudas a la renovación del parque móvil diésel, con incentivos de hasta 10.000 euros para los propietarios de vehículos de normativa europea Euro 1 a Euro 4, evitó entrar a criticar a las empresas responsables del escándalo por el evidente daño al «made in Germany» y se centró en desbaratar esa promesa electoral socialdemócrata e incluso reírse de ella. «No creo que la propuesta de una cuota para coches eléctricos se haya pensado bien. Negociaríamos durante siglos en Europa ¿Qué haríamos si no se respeta?… ¿Podrían dejar de comprarse coches con motores de gasolina?», sugirió en tono de mofa.

En contraposición a la cuota eléctrica, Merkel pidió una estrategia más amplia para ayudar a la industria del automóvil a hacer la transición a la producción de coches eléctricos. «Necesitamos innovar rápidamente», dijo, «donde las empresas no puedan gestionarlo solas, el Gobierno debe estar detrás de ellas y ayudar a que se muevan las cosas». El partido de Merkel, la CDU, ha elaborado esta estrategia teniendo muy en cuenta la aportación al empleo y al I+D que supone el sector a la economía alemana. La industria automovilística es la mayor exportadora del país y proporciona cerca de 800.000 empleos. Merkel en persona ha advertido repetidamente en contra de «demonizar» los motores diésel y prefiere gestionar la crisis del lado del as grandes empresas del sector.

Satisfacción con Schäuble
En cada uno de los párrafos de este programa económico parece entreverse el perfil del ministro de Finanzas de Merkel, Wolfgang Schäuble, que capitaliza la satisfacción de los votantes por encima incluso de Merkel. Las encuestas dan a la CDU un pronóstico de voto de hasta el 40%, cómodamente 15 puntos por delante del SPD, pero los medidores de satisfacción personalizados señalan que el 68% por ciento de los alemanes está altamente satisfecho con el trabajo de Schäuble, mientras que la segunda de la lista, Merkel, obtiene un 60% en la valoración de su trabajo.

Y además de aprovechar el tirón de su ministro, Merkel presentó este sábado ante los alemanes la amenaza a medio o largo plazo que se cierne sobre las economías desarrolladas. Alemania disfruta ahora de «buenas cifras, pero nadie puede decir con seguridad cómo estará dentro de diez años», advirtió el sábado, en referencia a las grandes transformaciones tecnológicas actuales y a sus posibles repercusiones sobre la economía y el empleo. Como garantía de prosperidad en décadas venideras, Merkel propuso con entusiasmo el proyecto europeo, al que calificó de «fantástico», destacó como un imprescindible para la economía alemana y elevó a la categoría de «garante de la paz».

Se distancia así de la derecha populista y anti europea de Alternativa para Alemania (AfD), que hace un año amenazaba con convertirse en fuerza política relevante pero a la que las encuestas en estos momentos no dan más de un 8% en el mejor de los casos.

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