La Gran Coalición alemana apoyará la Europa fuerte que pide Macron


Fue un parto largo, muy largo. Y complicado. Pero no doloroso. Los tres partidos alemanes que cerraron ayer el preacuerdo para reeditar la Gran Coalición, han gobernado bastante compenetrados en los últimos cuatro años y no les resulta demasiado incómodo seguir haciéndolo. La dificultad residía en escribir, en un mismo documento de 28 páginas, las frases que permitan a los socialcristianos de Baviera afrontar su año electoral, con unas regionales a la vista en las que los populistas de AfD pueden causarles graves destrozos, y los párrafos que permitan a Schulz hacerse con el apoyo del congreso extraordinario en el que el Partido Socialdemócrata (SPD) deberá ratificar el acuerdo. Merkel cedió ante unos y otros para obtener su resurrección en la Cancillería de Berlín.

Con vistas al primer objetivo, ha aceptado el techo de admisión de refugiados que rechazó durante toda la campaña electoral. La entrada de refugiados queda limitada a entre 180.000 y 220.000 al año, mientras que el derecho de reagrupación familiar de los que ya están en el país no superará las 1.000 personas por mes. Y como sacrificio a los Baales del congreso socialdemócrata, aplaza la necesaria reforma del insostenible sistema de pensiones, una cuestión de todas formas incómoda, sobre todo con el populismo de AfD en ascenso: mantendrán hasta 2025 el cálculo sobre la base del 48% del salario de los últimos años.

Schulz también pondrá para ganar el favor de su partido la trascendental voluntad de «resurgimiento de Europa», el capítulo del preacuerdo que más nos afecta al resto de los europeos y que implica más dinero de Berlín para Bruselas, además de apoyo amplio a las propuestas de Macron. «Queremos un nuevo renacer de Europa, estamos de acuerdo los presidentes de los tres partidos y por eso estoy convencida de que lograremos acordar soluciones conjuntamente con Francia», admitió Merkel. «El nuevo gobierno que salga de este proceso, asumirá el papel fuerte que Alemania tiene que jugar en Europa y estamos comprometidos con las propuestas que se están gestando en París, con lo que escuchamos de la Comisión, estamos comprometidos económica y políticamente con ese proyecto de Europa», añadía, eufórico, Schulz.

Y además, dado que los alemanes están bastante desencantados, cuatro meses después de las elecciones y todavía sin gobierno, el preacuerdo incluyó un catálogo de medidas novedosas y atractivas para levantar el ánimo, que van desde las «ciberaulas» hasta los «telejuicios», todo ello todavía por explicar, además de fuegos artificiales como más policías, más ayudas a las familias, más formación digital para trabajadores que temen perder su empleo por el cambio tecnológico y un sinfín de baratijas en materia de tráfico, vivienda, energía limpia y sociedad de los gigabytes.

Defensa del euro

Merkel evita por ahora la subida de los impuestos a las rentas más altas, que exigía el SPD, pero sobre todo evita el batacazo que habría sufrido el euro en una apertura de las bolsas sin preacuerdo y avanza en un gobierno que se podría prolongar hasta 2021. El mayor reto de la canciller alemana, sin embargo, no queda cubierto por ninguna de estas medidas. El texto del preacuerdo comienza con un solemne preámbulo en el que los partidos de la gran coalición se comprometen a «reafirmar la democracia»y «reforzar la cohesión de nuestra sociedad», un código cifrado sobre la actitud común pactada para sobrellevar lo más dignamente la presencia de AfD en el Bundestag como primera fuerza de la oposición alemana.

Y no puede todavía cantar victoria. El estado de decadencia o abierta fragilidad de los tres líderes de los partidos que forman el acuerdo debilita su contenido, víctima de las luchas de sucesión en ciernes. De los 40 miembros del presídium conservador que dio el visto bueno al preacuerdo, 6 votaron en contra. Y el congreso extraordinario del SPD, programado para el 21 de enero en Bonn, amenaza con ser turbulento. No solo las juventudes del partido, los ruidosos «Jusos», están dispuestos a aguar la fiesta. La diputada Hilde Mattheis anunciaba anoche una moción en contra del pacto de Gran Coalición, que presentará en Bonn. «No solo el ala izquierda del partido es reticente, también el ala conservadora se pregunta qué hay en este pacto de socialdemócrata», explicó. Otro diputado del SPD, Marco Bülow, calificó el preacuerdo de «vergonzoso» y dijo que «la Gran Coalición puede acabar convertida en un chiste, pero no para mi sentido del humor».

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