El Juli: «Estaba convencido de que no iba a matar al toro, pero quería que fuese un indulto inapelable»


No conseguía articular palabra Justo Hernández. Las lágrimas de emoción brotaban de sus ojos. El primero al que recordó fue, lógicamente, a su padre, Domingo Hernández, por quien lucía «Orgullito» la divisa negra. «Parece algo absurdo, pero este indulto me da pena. Pena por mi padre, que no lo ha podido vivir, que tanto ha luchado por la ganadería y no lo haya podido disfrutar», declaraba el criador.

«Sobre el toro, ahora, aparecerán opiniones dispares y todas muy respetables, pero si queda alguna duda sobre el indulto que le pregunten a estos aficionados que lo pidieron, pañuelo en mano, con las lágrimas en la cara», respondía Justo Hernández sobre la habitual polémica a posteriori.

Como dato curioso, el ganadero comentó que «Orgullito» era hermano de madre del toro, del mismo nombre, que indultó Roca Rey en la pasada feria de Albacete.

Nada de esto se hubiera hablado si, con casi total seguridad, «Orgullito» no le hubiese correspondido a una mente tan privilegiada como la de Julián López Escobar. La visión de lo acontecido por parte del diestro madrileño se puede resumir con esta frase: «Es lo más cerca que he estado, y voy a estar, del cielo».

«He vivido un sueño de principio a fin. Bueno, no lo era porque nunca llegas a soñar que algo tan grande te pueda llegar a pasar. “Orgullito” ha sido un toro sublime. Fuera de lo común. De los que te permite torear como realmente sientes cuando lo haces de salón. De hecho, pocas veces he podido torear tan despacio en mi vida», sentenciaba El Juli.

«Yo estaba convencido que no lo iba a matar, que lo iba a indultar, pero no quería que fuera un indulto al uso, merecía ser inapelable», respondía sobre el transcurso de la faena.

«Sin duda alguna, es una de las tardes más importantes de toda mi carrera, por no decir ahora mismo que la más. Cuando me sale un toro embistiendo con esa clase brotan en mí sentimientos de amor».

«“Orgullito” ha sido tremendamente bravo. Todo lo hacía con profundidad, con ciertos matices que eran corregibles gracias a su humillación tan profunda. Siempre ha ido a donde le mandaba con la muleta. De salida le veía condiciones y estaba convencido de que algo grande pasaría», declaraba el torero.

El apoderado de El Juli, Luis Manuel Lozano, calificó la faena como «impresionante». «No tengo palabras para resumir algo tan grandioso como lo que acabamos de vivir. Esto es para recordarlo y no soltarlo de tu mente porque, con total seguridad, no volveremos a ver algo similar en la vida».

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