Mattis disuadió a Trump de lanzar un ataque masivo contra Assad y equipos rusos e iraníes


El ataque lanzado la madrugada del sábado (hora siria) por Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que destruyó tres complejos de investigación y almacenamiento de armas químicas del régimen sirio, no era la opción preferida por Donald Trump. El presidente planteó en reiteradas ocasiones la posibilidad de destruir instalaciones militares del régimen de Bashar al Assad para debilitar el potencial del dictador sirio. Finalmente, el jefe del Pentágono, James Mattis, convenció al ocupante del Despacho Oval de apostar por la operación menos ambiciosa de las tres que le había planteado.

El episodio de la intervención en Siria, como respuesta al ataque con armas químicas perpetrado por Al Assad en Duma, con más de cuarenta muertos y quinientos heridos, ha vuelto a mostrar el perfil contradictorio del ocupante del Despacho Oval. Pocos días después de pregonar la necesidad de traer a Estados Unidos a los dos mil soldados desplegados en aquel país, al menos cuando se consume la victoria sobre Daesh, Trump se rebeló como el más agresivo de quienes tuvieron una voz destacada en la Situation Room (centro de inteligencia de la Casa Blanca donde se deciden las operaciones) los días previos al ataque.

El secretario de Defensa había trasladado a los altos mandos y expertos tres opciones, de menor a mayor alcance: una pequeña serie de instalaciones de armas químicas como únicos objetivos, en primera instancia; una segunda posibilidad, que incorporaba instalaciones militares del régimen, y, como la más ambiciosa, un abanico de objetivos militares de Al Assad, aunque sin afectar a la maquinaria política del dictador. Cuando Trump abogó por esta última, incluyendo la posibilidad de que la ofensiva afectara a equipamientos rusos e iraníes, el general Mattis se mostró contrario alegando la necesidad de evitar las respuestas de Moscú y Teherán, y, con ellas, una escalada del conflicto, según «The Wall Street Journal». El mismo periódico reduce a una intervención limitada la presencia del nuevo Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, el considerado arquitecto de la Guerra de Irak, sabedor del ascendente de Mattis sobre el presidente.

Mientras se da por hecho que las acciones militares contra Al Assad han terminado, es inminente la aprobación de sanciones económicas contra Siria y Rusia a cargo de la Administración Trump. Una parte de la ofensiva diplomática con la que Occidente quiere reforzar el castigo al régimen sirio y a los países que encubren su uso de armas químicas.

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