Simeone recupera las fiestas europeas


Eufórico tras un partido que acentuó su sufrimiento por la sanción que le impidió sentarse en el banquillo, Simeone estalló de felicidad tras conquistar por segunda vez la Liga Europa. Contagiándose de la alegría de los más de 10.000 rojiblancos que acompañaron a su equipo, celebró la victoria ante el Olympique de Marsella (3-0) como si fuera un hincha más.

Recuperó la sonrisa de los aficionados después de dos derrotas casi seguidas en las finales de la Champions (2014 y 2016) y el argentino, por fin, también consiguió romper su maleficio. Seis años después de tocar el cielo europeo en Bucarest, repitió sensaciones en Lyon.

Tan exigente consigo mismo como con sus jugadores, Simeone sentía que tenía una cuenta pendiente con la afición tras perder dos finales de Champions. Después de los dramáticos penaltis en Milán, se vino abajo y aparecieron las dudas, pero decidió continuar para intentar recompensar con títulos a una hinchada que le venera.

Este miércoles llegó el primero después de la pesadilla italiana y lo celebró con rabia. El triunfo ante el Marsella resultó una liberación para un técnico que en seis años ha disputado cuatro finales en el continente (cinco con la Supercopa de 2012) y que ha colocado al Atlético en el escaparate de los mejores. Pero siempre quiere más y un reto ronda su cabeza: la final de la Champions 2019 que se jugará en el Metropolitano.

La tercera Europa League
Menos de un mes después de apagar las velas del 115 aniversario de su fundación (1903), el Atlético de Madrid vivió otra noche de emoción y celebró un nuevo título a las órdenes de Simeone, el técnico que ha conseguido virar definitivamente el rumbo europeo de un equipo que ahora despierta admiración por su «facilidad» para alcanzar finales. Ante el Marsella disputó la quinta desde 2010, la cuarta con el argentino como entrenador. La década más feliz en Europa, más allá de las decepciones de Lisboa y Milán, porque a lo largo de su centenaria historia solo ha jugado otras cuatro (una en la Copa de Europa y tres en la desaparecida Recopa).

Seis años después de levantar el título en Bucarest ante el Athletic, Diego Simeone y su tropa repetieron celebración en la Europa League, una competición que a principio de esta temporada no aparecía en una hoja de ruta diseñada para la Champions. Sin embargo, la posibilidad de ganarla acabó ilusionando a la hinchada y puso «rumbo a Lyon», como dice la letra de la pegadiza canción que anoche no dejaron de entonar en la grada más de 10.000 aficionados. Como Simeone, ellos también consiguieron superar un capítulo histórico y vengaron la derrota sufrida, precisamente en Lyon, en la final de la Recopa de 1986.

Aunque el Atlético regresó a los triunfos en Europa con Quique Sánchez (Liga Europa 2010), a Simeone hay que darle el mérito que supone haber prolongado la ola ganadora y haber convertido a su equipo en una «fijo» en las finales. Señalado cuando el debate gira al estilo de juego y la vistosidad del fútbol de su equipo, al argentino no se le puede discutir su obra en el continente. Después del triunfo ante el Arsenal en semifinales, se convirtió en el entrenador con más victorias en el continente en el banquillo de un club español por encima de Miguel Muñoz (48) y Cruyff (37). Este miércoles sumó otras más (51) y un nuevo título para el Atlético.

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