Tras la tempestad del dólar llega la lucha de los piquetes en Argentina


Superado con nota el «supermartes», como se bautizo el día de vencimiento del equivalente a unos 21.000 millones de euros en Lebac (Letras del Banco Central), la calle se animó a recuperar, sin grandes multitudes, el pulso desafiante al Gobierno.

Piqueteros, algunas agrupaciones sindicales minoritarias y dirigentes de organizaciones sociales, que viven de los subsidios del Estado desde principios de siglo, desplegaron su estrategia de cortes de calle, manifestaciones y acampadas en Buenos Aires.

Expertos en este trabajo, el único que muchos jóvenes han visto desempeñar en sus familias desde su nacimiento, protestaban por el alza de tarifas de servicios público, el acuerdo con el FMI (sin conocerse los detalles y sin firmar) y las dificultades que atraviesan los trabajadores de una avícola histórica, la vieja Cresta Roja.

El caso puntual de Cresta Roja, empresa expoliada, pasada de mano en mano y en proceso de recuperación, se arrastra desde hace tiempo. Pueblitos enteros de la provincia de Buenos Aires viven gracias a todo lo que genera la avícola que, recientemente, logró el acuerdo con la nueva patronal y los sindicatos. Aún así -y con la política de telón de fondo-, el gremio de la alimentación insiste en las protestas callejeras y hasta trata de impedir a los empleados que, como el miércoles, ingresaran libremente en las instalaciones.

Subsidios
Salvo este caso de Cresta Roja, el resto de las protestas, con corte a accesos como a la autopista 25 de mayo y hasta tiendas de campañas en la avenida 9 de julio (equivalente a la Castellana en Madrid), atacaban el acuerdo con el FMI y pedían la reatroactividad de las tarifas de servicios públicos. La copiosa lluvia disolvió este jueves a los grupos que armaban ollas populares frente al Obelisco. Ironías de la historia, se trata de los que, en rigor, menos padecen los aumentos ya que se benefician de subsidios que la clase media ve pasar de lejos.

Comparadas con las movilizaciones a las que Argentina está acostumbrada, lo sucedió el miércoles y hoy es apenas un gesto. El presidente Mauricio Macri puede decir que salió airoso tras dos semanas de incertidumbre y el resto de Argentina puede advertir que reaccionó, contra reloj pero a tiempo. «No hay una situación comparable de crisis», reiteró para tranquilar a los que todavía tienen dudas, en la primera rueda de prensa tras los vaivenes del dólar (depreciado más del 20 por ciento). En la misma intervención, el presidente, como hicieran sus ministros antes, reconoció que las metas de la inflación habían sido demasiado optimistas. Dicho esto, amplió la autocrítica y defendió la independencia extraviada del Banco Central, al observar. «Hemos tenido problemas de coordinación entre el gabinete económico y el Banco Central. Esa coordinación debe ser sin vulnerar la independencia del Banco Central».

Macri, pese al discurso de que todo sigue igual en el Gobierno y en el modelo, dio giro en los últimos días en dirección al diálogo político original, dentro y fuera de su coalición con la que, por cierto, no tiene mayoría en ninguna Cámara. El Presidente recuperó dos políticos de raza, Emilio Monzó, titular del Congreso y conocido por su muñeza política (es de los peronistas del Gobierno) y Rogelio Frigerio, el Ministro que volvió a salir en la foto y hace de puente con las provincias. Sin el apoyo del peronismo y de los caudillos peronistas Macri dificílmente podrá dar un paso en dirección al inevitable ajuste que se avecina para bajar el déficit. Dicho en sus palabras: «Hablé con gobernadores de distintos espacios y senadores y los convoqué a todos a sentarnos alrededor de una mesa y hacer un gran acuerdo para equilibrar, algo que la Argentina no logra hacer desde hace más de 70 años».

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