José Guirao, el hombre que le quitó el chaleco antibalas al Guernica de Picasso


Cuando Pablo Picasso pintó el «Guernica» en 1937, probablemente no podía imaginar -al menos, no del todo- lo que acabaría significando esa pintura para España. Desde su presentación al público, en la Exposición de París de 1937, la pintura que inmortalizó los horrores de la Guerra Civil no volvió a su hogar hasta más de cuatro décadas después. Con su retorno en 1981, España pudo dar algunos pasos más en el camino de la reconciliación. Un camino que ayudó a allanar el actual Ministro de Cultura -y por aquel entonces director del Reina Sofía-, José Guirao, al quitarle a esta creación el cristal blindado que la cubría una noche de noviembre de 1995.

Tras arduas negociaciones con el MoMA de Nueva York, el museo en el que había permanecido desde 1958, el «Guernica» fue a parar a su llegada a España al Casón del Buen Retiro, la ubicación escogida por su creador. Tras pasar más de una década en esta localización, en 1992 se llegó a la conclusión de que las paredes blancas del
Museo Reina Sofía
, hogar de las piezas de arte españolas del siglo XX, eran el mejor hogar posible para la obra.

Presentación del «Guernica» en el Casón del Buen Retiro

ABC
Desde su vuelta al país, la pintura permaneció encerrada bajo su chaleco antibalas de cristal. Como si no terminase de fiarse de las intenciones de los visitantes que cada día la observaban con interés. La reorganización pictórica del Reina Sofía en 1995, inscrita en la reestructuración de las colecciones de arte estatales, fue la escusa perfecta para arrebatar al «Guernica» su burbuja de aislamiento y buscarle una nueva ubicación. La pinacoteca, con Guirao como su director al frente, mantuvo esta operación en total secreto. Desde que se tomó la decisión se trató de transmitir desde la pinacoteca un mensaje de normalidad.

El traslado del Guernica tuvo lugar en la noche del 27 de noviembre. El actual Ministro de Cultura no deseaba causar molestias a los visitantes pero, por otro lado, tampoco quería que el cambio de ubicación de la pieza -que pasó a estar flanqueada por otras dos obras de Picasso: la escultura «La dama oferente» y el lienzo «La nadadora»- se convirtiese en el gran protagonista de la reorganización.

Desde aquella noche de hace más de veinte años, la obra continúa recibiendo visitas en la segunda planta del Reina Sofía. Ya sin blindaje, el Guernica sigue representando los horrores de la guerra; pero, al mismo tiempo, también es el reflejo de la concordia y la reconciliación de los españoles.

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