El toro oculto en Pamplona


Oculto tras una de las paredes del Centro de Interpretación de las Murallas de Pamplona, un toro corre azuzado por una lanza, con una especie de banderilla sobre su lomo. Ya nadie puede verlo al natural. En la restauración de estas antiguas fortificaciones de la capital navarra, muchos de los grafitos históricos se dejaron a la vista, pero éste no corrió la misma suerte y quedó escondido, quizá aguardando un futuro mejor.

Pablo Ozcáriz pudo fotografiarlo en las casernas del fortín de San Bartolomé antes de que lo taparan y hoy las imágenes que captó con su cámara este profesor de Historia Antigua de la Universidad Rey Juan Carlos son las únicas que dan fe de su existencia. Aunque tosco, «el toro es bastante claro, y tiene un trazo vertical en el lomo», describe Ozcáriz.

Aunque «no es posible saber de cuándo es», este experto señala que la construcción del fortín terminó en el siglo XVIII y se dejó de utilizar en la segunda mitad del siglo XIX. En algún momento de este periodo, uno de los soldados que custodiaban en estas casernas desde comida hasta armas, municiones y pólvora, se entretuvo pintando esta escena taurina.

No es ningún grabado de la «Tauromaquia» de Goya, pero quizá fuera realizado en esa misma época en la que triunfaban en las plazas el Estudiante de Falces o Pepe-Hillo. Hace ya dos siglos.

¿El toro más antiguo?
En las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo entre 2001 y 2003 en la Plaza del Castillo de Pamplona se encontraron un considerable número de grafitos realizados sobre cerámica romana, entre ellos uno del siglo III con el dibujo de la cabeza de un animal.

Grafito del siglo III hallado bajo la Plaza del Castillo – PABLO OZCÁRIZ

Ozcáriz y Mercedes Unzu publicaron en 2011 su estudio sobre estos «Grafitos figurativos, palmas, tridentes y otros signos en cerámica romana de la plaza del Castillo de Pamplona».

«En el artículo pusimos que probablemente se trataría de un équido, pero creo que es igual de probable que se trate de un toro, y que lo de la parte superior sean los cuernos. Si fuese así, sería una de las representaciones más antiguas de un toro en Pamplona», destaca ahora este experto en grafitos.

El grafito del ahorcado – PABLO OZCÁRIZ
Una escena de ahorcamiento
En las casernas del fortín de San Bartolomé, Ozcáriz fotografió un cañón que dispara una bala y una curiosa escena de ahorcamiento que tampoco hoy puede verse en el lugar. El grafito cuenta con bastantes detalles: se aprecia el cadalso con sus escaleras y el verdugo justo a la derecha del pobre hombre colgado, con los brazos extendidos.

Otra particularidad en los muros llamó su atención. «Me sorprendió que hubiese en las paredes algunas marcas redondas, como a la altura de la rodilla o algo más altas», recuerda el historiador. ¿Qué podía haber desgastado así la piedra? Para Ozcáriz, la explicación más lógica» es que fueran hechas por los soldados con el fusil, cuando estaban sentados contra la pared. De ahí su forma redondeada. «Supongo que cuando estaban aburridos, dibujaban los grafitos y daban pequeños golpes. Es extraordinario que algo tan rutinario y aburrido sea lo único que ha quedado de aquellos soldados», remarca.

Los dibujos aparecieron en las casernas del fortín de San Bartolomé, que en la actualidad es el Centro de Interpretación de las Murallas de Pamplona. No es posible saber de cuándo son, pero su construcción terminó en el s. XVIII y se dejó de utilizar en la segunda mitad del siglo XIX. Los grafitos están en unas casernas donde parece que guardaban desde comida, hasta armas, municiones y pólvora. Ahí había soldados que tenían que estar custodiándolos. Me sorprendió que hubiese en las paredes algunas marcas redondas, como a la altura de la rodilla o algo más altas, como la que te mando. La explicación más lógica que yo encuentro es que se trata de marcas que hacían los soldados con el fusil cuando estaban sentados contra la pared. De ahí su forma redondeada. Supongo que cuando estaban aburridos, dibujaban los grafitos y daban pequeños golpes. Es extraordinario que algo tan rutinario y aburrido sea lo único que ha quedado de aquellos soldados.

Te mando un par de fotos con los toros y la escena de ahorcamiento. No sé si se ven bien. Igual habría que retocar las imágenes y poner un dibujo superpuesto de la figura, para que se vea mejor. Estos dibujos no se pueden ver in situ. Cuando se restauró el sitio para convertirlo en un “centro de interpretación de las murallas” de Pamplona, tuvieron que reacondicionar las paredes y se ocultaron, aunque dejaron a la vista algunos grafitos, que no eran los más interesantes. Por eso, ahora mismo, sólo quedan las imágenes que pude tomar. Sé que no son muy vistosas y parecen monigotes, pero la escena de ahorcamiento tiene bastantes detalles: aparece el cadalso con sus escaleras y el verdugo justo a la derecha del pobre hombre colgando con los brazos extendidos. También te mando el dibujo de un cañón. Está disparando una bala, pero la foto no se ve.

El toro es bastante claro, y tiene un trazo vertical en el lomo, que podría ser una banderilla. Aunque para afirmarlo tendría que ver en qué fecha se empiezan a usar las banderillas… Sí, todo esto está inédito. Publicaron un librito con alguna imagen, creo que la del ahorcamiento, y me pidieron que escribiese un párrafo, pero hice algo general, divulgativo, sin entrar a fondo. Por tanto no se puede considerar un estudio editado.

Los dibujos aparecieron en las casernas del fortín de San Bartolomé, que en la actualidad es el Centro de Interpretación de las Murallas de Pamplona. No es posible saber de cuándo son, pero su construcción terminó en el s. XVIII y se dejó de utilizar en la segunda mitad del siglo XIX. Los grafitos están en unas casernas donde parece que guardaban desde comida, hasta armas, municiones y pólvora. Ahí había soldados que tenían que estar custodiándolos. Me sorprendió que hubiese en las paredes algunas marcas redondas, como a la altura de la rodilla o algo más altas, como la que te mando. La explicación más lógica que yo encuentro es que se trata de marcas que hacían los soldados con el fusil cuando estaban sentados contra la pared. De ahí su forma redondeada. Supongo que cuando estaban aburridos, dibujaban los grafitos y daban pequeños golpes. Es extraordinario que algo tan rutinario y aburrido sea lo único que ha quedado de aquellos soldados.

También te mando un grafito del siglo III que apareció en las excavaciones arqueológicas de la Plaza del Castillo de Pamplona y que publiqué con Mercedes Unzu en un artículo del 2011 (si lo publicáis, intentad cortar las imágenes para que no salga el dedo… 🙂 ). Parece claro que es la cabeza de un animal. En el artículo pusimos que probablemente se trataría de un équido. Pero creo que es igual de probable que se trate de un toro, y que lo de la parte superior sean los cuernos. Si fuese así, sería una de las representaciones más antiguas de un toro en Pamplona.

TE PUEDE INTERESAR


El toro oculto en Pamplona

log in

reset password

Back to
log in
 

Cierra la ventana o espera segundos...